miércoles, 9 de septiembre de 2026

Por qué nunca se debe besar una persona fallecida...


En momentos de profundo dolor, como la pérdida de un ser querido, muchas personas sienten la necesidad de despedirse con un último gesto de amor: un beso. 
Ya sea en la frente, en la mejilla o en las manos, besar a un fallecido suele parecer un acto de cariño, respeto o consuelo. Sin embargo, aunque este impulso es completamente humano y quecomprensible, los expertos advierten que no es una práctica recomendada, y existen diversas razones que lo explican.
En primer lugar, está la cuestión sanitaria. 
Aunque un cuerpo ya sin vida no respira ni se mueve, puede albergar microorganismos que continúan activos durante algún tiempo después del fallecimiento. 
Estos virus o bacterias, dependiendo de la causa de muerte, pueden aún representar un riesgo, especialmente si el contacto es directo con mucosas, como los labios. 
En algunos casos, como muertes relacionadas con enfermedades infecciosas, el peligro se incrementa notablemente.
Incluso cuando la persona no haya muerto por una causa contagiosa, el cuerpo humano atraviesa ciertos procesos naturales tras el deceso. 
La descomposición celular comienza rápidamente, y aunque no es visible de inmediato, la liberación de fluidos, gases y toxinas forma parte del proceso. 
Esta transformación, inevitable y biológica, hace que el contacto con ciertas partes del cuerpo sin protección no sea lo más higiénico ni seguro.
Otro factor importante es el uso de productos químicos durante la preparación del cuerpo. 
En funerarias o velatorios, los fallecidos son tratados con sustancias conservantes y desinfectantes como el formol para retardar la descomposición y mantener una apariencia digna para la despedida. 
Estos productos pueden ser tóxicos al contacto con la piel o los labios, especialmente si se trata de un beso prolongado o muy cercano a áreas tratadas.
Desde el punto de vista emocional, besar a un ser querido fallecido puede generar una falsa sensación de cierre. Muchas veces, en el afán de “dar el último adiós”, las personas buscan un gesto físico que les proporcione consuelo inmediato, pero esto también puede profundizar el dolor en lugar de aliviarlo. 
La imagen del cuerpo sin vida puede quedar fijada en la memoria de forma dolorosa, interfiriendo con el recuerdo amoroso de la persona en vida.
También es necesario tener en cuenta a los niños y adolescentes que pueden estar presentes. 
Ver o imitar este tipo de acciones sin comprender todos los aspectos emocionales o sanitarios puede generar confusión o angustia. 
Por eso, los especialistas recomiendan ofrecer otras formas simbólicas de despedida, como cartas, oraciones, rituales familiares o momentos de silencio, que permitan honrar al ser querido sin necesidad de contacto físico.
En muchos casos, los rituales culturales y religiosos ofrecen espacios de contención y despedida adecuados, donde el afecto puede expresarse sin comprometer la salud o el bienestar emocional. 
Respetar el duelo no significa aferrarse al cuerpo, sino aprender a dejar ir con amor y dignidad.
A veces, el adiós más amoroso no necesita contacto físico, sino la certeza de haber amado intensamente en vida, y de seguir recordando con el corazón lo que el cuerpo ya no puede contener.

jueves, 3 de septiembre de 2026

Perro de Asador Giratorio.

En las cocinas de la Inglaterra medieval existió un animal hoy desaparecido, criado no para cazar ni para acompañar, sino para trabajar sin descanso frente al fuego.

Se lo conocía como el perro de asador giratorio.

Pequeño, de patas cortas, cuerpo alargado y hocico fino, este perro fue seleccionado durante generaciones con un único objetivo: hacer girar la carne mientras se asaba. Su lugar no estaba junto a la mesa, sino en una rueda instalada en la pared, similar a la de un hámster. Al correr dentro de ella durante horas, accionaba el mecanismo que rotaba el asador frente a las llamas.
En una época en la que la cocina dependía del fuego abierto, estos perros eran considerados herramientas vivas. Eran criados, entrenados y valorados por su resistencia más que por su bienestar. En días fríos, se les lanzaban brasas dentro de la rueda para obligarlos a correr más rápido. No eran mascotas. Eran parte del equipamiento.
Uno de los pocos restos conservados muestra lo extraña que era esta raza: diminuta, de aspecto casi vulpino, muy distinta a cualquier perro moderno.
Con la llegada del siglo XIX, la tecnología cambió la cocina. Los asadores mecánicos y los nuevos hornos volvieron innecesario su trabajo. Sin función, el perro de asador giratorio perdió su razón de existir. La reina Victoria, sensible al trato hacia los animales, adoptó algunos ejemplares retirados, pero fue un gesto tardío.

La raza se extinguió lentamente. Algunos historiadores creen que pudo mezclarse con otras razas pequeñas, y que quizá una parte de su herencia sobreviva en perros modernos como los corgis. No hay certeza.
Lo que sí quedó atrás fue una idea hoy impensable: animales criados exclusivamente como electrodomésticos de cocina.

El perro de asador giratorio no murió en una batalla ni en una epidemia. Desapareció cuando el mundo dejó de necesitarlo.

Y con él, se fue una silenciosa lección sobre cómo la utilidad puede definir —y borrar— una vida.




martes, 1 de septiembre de 2026

U.S.A.

Retrato en daguerrotipo de una madre y su hija muerto sobre 1857. Afectados de varicela o sarampión
Retrato en daguerrotipo de una madre y su hija muerta sobre 1857.
Afectados de varicela o sarampión.

 

viernes, 28 de agosto de 2026

miércoles, 26 de agosto de 2026

U.S.A.

Fotografía Hidden Mother a finales del siglo XIX.
Fotografía Hidden Mother a finales del siglo XIX.

 Las madres se cubrían con una tela y sostenían a sus hijos en posición vertical mientras les tomaban retratos en el siglo XIX, lo que daba como resultado figuras extrañas en las fotos.