La vida y la muerte se dan la mano en la ciudad de los muertos de El Cairo, uno de los lugares más inquietantes de la capital y posiblemente uno de los menos visitados. Más de 6 kilómetros de tumbas donde 1 millón de personas viven y trabajan entre los muertos.
El Nilo, los bazares o los museos son los destinos estrella de una ciudad con una gran historia.
El camposanto más concurrido de la megalópolis cairota, situado en los alrededores del barrio islámico que fascina a los turistas, es una sucesión de criptas donde miles de familias han hallado cobijo. Un paisaje árido y hostil a los pies de la montaña de Mokattam que se pobló de vivos a partir de la guerra árabe israelí de 1967. En sus calles desembarcaron entonces los desplazados de la zona del canal de Suez y las mudanzas no han cesado, alimentadas por los abismos sociales de una urbe de 20 millones de personas y el hacinamiento de sus principales barrios.
Incluso, el lugar forma parte de la declaratoria como Patrimonio Mundial de la UNESCO de “El Cario Histórico”, junto con joyas como la Mezquita de Ibn Tuluny la Ciudadela de Saladino, entre tantas otras.
Hasta aquí todo parece bastante normal, incluso muy interesante, pero hay algo más que hace de este lugar un sitio único: se estima que entre 500.000 y 1 millón de personas viven dentro de estos enormes cementerios en los que la línea que separa el ayer del hoy es notablemente delgada.
En cualquier caso, visitar la Ciudad de los Muertos supone adentrase en una de las caras más fascinantes de la polifacética capital egipcia para apreciar sus múltiples aristas, desde antiguas leyendas y misterios hasta auténticas joyas arquitectónicas encargadas por poderosos sultanes, pasando por los agudos contrastes que definen el día a día en El Cairo.
Cementerio de Manila (Filipinas).
Más allá de mitos y leyendas, el hecho de que la Ciudad de los Muertos es una ciudad viva, un barrio más del El Cairo, se debe a muchos factores y eso hace, por supuesto, que las singulares viviendas entre tumbas sean igual de diversas. Históricamente, lo primeros habitantes de estas antiguas necrópolis fueron los propios encargados de sus construcción y mantenimiento. Fueron los sepultureros, los distintos artesanos funerarios y los guardianes de las tumbas más opulentas, pero también los religiosos dedicados a velar por los que ahí descansan, quienes se encargaron de llenar de vida al cada vez más extenso laberinto fúnebre.
Cementerio de Phnom Penh (Camboya).
Sin embargo, desde finales del siglo XIX y, sobre todo, durante el siglo XX, la imparable expansión demográfica de la capital egipcia y la falta de límites claros entre las crecientes zonas urbanas y las antiguas necrópolis, así como la difícil situación económica de muchos, hicieron que cada vez más personas ocuparan aquellos recintos funerarios y mausoleos –en algunos casos familiares, en otros, ajenos– como viviendas improvisadas.
Cementerio de Concepción de Ataco en El Salvador.
De cualquier manera, las distintas áreas de Qarafa cuentan con sencillas viviendas, originalmente concebidas como tal, y más o menos formales, que cuentan con servicios básicos, y también con estructuras funerarias adaptadas como lugar de residencia. Incluso, en algunas áreas se han llegado a construir edificios de varias alturas, difuminando aún más esa delgada línea que separa la Ciudad de los Muertos de los lugares de los vivos.
Cementerio de Vila Nova Cachoeirinha de Sao Paulo (Brasil).
Hay otros lugares donde se hace vida en los cementerios como en el de Manila (Filipinas), se calcula que mas de diez mil personas.
Phnom Penh (Camboya) ,cementerio de Concepción de Ataco en El Salvador , Zulia (Venezuela), Sao Paulo (Brasil), Las Breñas Chaco Argentina y algunos mas.








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