miércoles, 16 de septiembre de 2026

"Fumigación rectal" o "inyección de humo por el trasero".


Técnica médica del siglo XVIII conocida como "fumigación rectal" o "inyección de humo por el trasero". Aunque puede parecer extraño o incluso repulsivo para nosotros hoy en día, esta práctica tenía sus raíces en las teorías médicas de la época.

En el siglo XVIII, la teoría humoral era una de las principales formas de entender el cuerpo humano y sus funciones. Según esta teoría, el cuerpo estaba compuesto por cuatro humores (sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra) que debían estar en equilibrio para mantener la salud. Los médicos de la época creían que el equilibrio de estos humores podía ser restaurado mediante diversas técnicas, incluyendo la fumigación rectal.

La fumigación rectal consistía en introducir humo en el recto a través de un dispositivo especial, con el objetivo de estimular el cuerpo y restaurar el equilibrio de los humores. Se creía que el humo podía ayudar a eliminar los humores "malos" o "excesivos" del cuerpo, y así aliviar diversas afecciones.

Aunque esta práctica puede parecer absurda o incluso peligrosa para nosotros hoy en día, es importante recordar que las teorías médicas de la época eran basadas en la comprensión científica de ese momento. La fumigación rectal fue utilizada durante un tiempo como tratamiento para diversas afecciones, incluyendo la hipotermia y el shock.

Es interesante ver cómo las prácticas médicas han evolucionado a lo largo del tiempo, y cómo algunas técnicas que fueron consideradas efectivas en el pasado pueden parecer extrañas o incluso peligrosas en la actualidad.
 


lunes, 14 de septiembre de 2026

El Cangue.

El Cangue: Un Instrumento de Castigo y Humillación en la China Tradicional.

El cangue fue un instrumento de castigo utilizado en la China tradicional desde la dinastía Song hasta el final de la dinastía Qing. Consistía en un marco de madera o metal con una abertura para el cuello, que se colocaba sobre los hombros y el cuello del condenado. El cangue era un símbolo de restricción física y humillación pública, y se utilizaba para castigar delitos menores a moderados.

Un prisionero en el cangue en china, c.1800.
Un prisionero en el cangue en china, c.1800.



El cangue era un marco grande y pesado que se colocaba sobre los hombros y el cuello del condenado. Podía pesar entre 10 y 100 libras, lo que hacía que incluso los movimientos simples fueran difíciles y dolorosos. En algunas variaciones, el cangue tenía agujeros adicionales para inmovilizar las manos del condenado.

El cangue se utilizaba en plazas públicas o en encrucijadas concurridas, donde la comunidad podía observar y juzgar al condenado. Se utilizaba durante días o semanas, lo que causaba sufrimiento físico y emocional al condenado. El cangue presionaba fuertemente en el cuello y la columna vertebral, causando dolor y fatiga.

El uso prolongado del cangue podía causar lesiones en el cuello y la columna vertebral. Los condenados no podían alimentarse a sí mismos ni realizar una higiene básica, por lo que dependían de la caridad de los demás. El cangue era un instrumento de humillación pública, que causaba vergüenza y degradación al condenado.

Fue abolido después de 1912, con la caída de la China imperial. El cangue es un poderoso símbolo de las prácticas penales históricas en China, que refleja un momento en el que la justicia se trataba tanto de avergonzar al alma como de castigar al cuerpo. Se menciona frecuentemente en la literatura china, dramas históricos y exhibiciones de museos, ofreciendo un recordatorio aleccionador de la historia de la justicia en China.
 

jueves, 10 de septiembre de 2026

Lingchi, también conocido como “la muerte por mil cortes”.

Ilustración de la tortura y ejecución de un misionero francés en China por el método muerte por mil cortes, en la revista francesa Le Monde Illustré del 27 de febrero de 1858.


Durante siglos, uno de los métodos de ejecución más crueles en la historia de la humanidad fue practicado en la antigua China: Lingchi, también conocido como “la muerte por mil cortes”.

No se trataba solo de matar. Se trataba de hacer sufrir. Y de hacerlo lentamente.

El condenado era desnudado y atado a una estructura de madera, completamente inmóvil, ante la mirada de una multitud. Entonces, el verdugo realizaba dos cortes iniciales: uno en los párpados, para que el prisionero no pudiera cerrar los ojos, y otro en la garganta, para reducir sus gritos. El objetivo era claro: obligarlo a presenciar, en silencio, su propia destrucción.

Los cortes venían después, uno tras otro. Comenzaban por las extremidades: pequeñas incisiones que evitaban órganos vitales o arterias principales, prolongando la tortura durante horas, incluso días. Se retiraban fragmentos de carne, exponiendo lentamente músculos y huesos.

En algunos casos, se utilizaron opio o agua fría sobre las heridas, no para aliviar el dolor, sino para mantener al prisionero consciente el mayor tiempo posible.
Se han documentado ejecuciones con más de tres mil cortes.

Ejecución de Joseph Marchand en Vietnam, 1835.
Ejecución de Joseph Marchand en Vietnam, 1835.



Para los verdugos, había una presión terrible: si se equivocaban y causaban una muerte prematura, podían ser castigados o perder su posición. La precisión en el sufrimiento era parte del castigo.

El ambiente era infernal: gritos apagados, el zumbido de moscas sobre la carne expuesta, y el sonido metálico del cuchillo golpeando huesos. Muchos no llegaban al corte final. Morían antes, por el shock, el dolor o infecciones.

Lingchi no era solo una ejecución: era un espectáculo diseñado para quebrar el cuerpo y la mente del condenado... lentamente.
 

miércoles, 9 de septiembre de 2026

Por qué nunca se debe besar una persona fallecida...


En momentos de profundo dolor, como la pérdida de un ser querido, muchas personas sienten la necesidad de despedirse con un último gesto de amor: un beso. 
Ya sea en la frente, en la mejilla o en las manos, besar a un fallecido suele parecer un acto de cariño, respeto o consuelo. Sin embargo, aunque este impulso es completamente humano y quecomprensible, los expertos advierten que no es una práctica recomendada, y existen diversas razones que lo explican.
En primer lugar, está la cuestión sanitaria. 
Aunque un cuerpo ya sin vida no respira ni se mueve, puede albergar microorganismos que continúan activos durante algún tiempo después del fallecimiento. 
Estos virus o bacterias, dependiendo de la causa de muerte, pueden aún representar un riesgo, especialmente si el contacto es directo con mucosas, como los labios. 
En algunos casos, como muertes relacionadas con enfermedades infecciosas, el peligro se incrementa notablemente.
Incluso cuando la persona no haya muerto por una causa contagiosa, el cuerpo humano atraviesa ciertos procesos naturales tras el deceso. 
La descomposición celular comienza rápidamente, y aunque no es visible de inmediato, la liberación de fluidos, gases y toxinas forma parte del proceso. 
Esta transformación, inevitable y biológica, hace que el contacto con ciertas partes del cuerpo sin protección no sea lo más higiénico ni seguro.
Otro factor importante es el uso de productos químicos durante la preparación del cuerpo. 
En funerarias o velatorios, los fallecidos son tratados con sustancias conservantes y desinfectantes como el formol para retardar la descomposición y mantener una apariencia digna para la despedida. 
Estos productos pueden ser tóxicos al contacto con la piel o los labios, especialmente si se trata de un beso prolongado o muy cercano a áreas tratadas.
Desde el punto de vista emocional, besar a un ser querido fallecido puede generar una falsa sensación de cierre. Muchas veces, en el afán de “dar el último adiós”, las personas buscan un gesto físico que les proporcione consuelo inmediato, pero esto también puede profundizar el dolor en lugar de aliviarlo. 
La imagen del cuerpo sin vida puede quedar fijada en la memoria de forma dolorosa, interfiriendo con el recuerdo amoroso de la persona en vida.
También es necesario tener en cuenta a los niños y adolescentes que pueden estar presentes. 
Ver o imitar este tipo de acciones sin comprender todos los aspectos emocionales o sanitarios puede generar confusión o angustia. 
Por eso, los especialistas recomiendan ofrecer otras formas simbólicas de despedida, como cartas, oraciones, rituales familiares o momentos de silencio, que permitan honrar al ser querido sin necesidad de contacto físico.
En muchos casos, los rituales culturales y religiosos ofrecen espacios de contención y despedida adecuados, donde el afecto puede expresarse sin comprometer la salud o el bienestar emocional. 
Respetar el duelo no significa aferrarse al cuerpo, sino aprender a dejar ir con amor y dignidad.
A veces, el adiós más amoroso no necesita contacto físico, sino la certeza de haber amado intensamente en vida, y de seguir recordando con el corazón lo que el cuerpo ya no puede contener.

jueves, 3 de septiembre de 2026

Perro de Asador Giratorio.

En las cocinas de la Inglaterra medieval existió un animal hoy desaparecido, criado no para cazar ni para acompañar, sino para trabajar sin descanso frente al fuego.

Se lo conocía como el perro de asador giratorio.

Pequeño, de patas cortas, cuerpo alargado y hocico fino, este perro fue seleccionado durante generaciones con un único objetivo: hacer girar la carne mientras se asaba. Su lugar no estaba junto a la mesa, sino en una rueda instalada en la pared, similar a la de un hámster. Al correr dentro de ella durante horas, accionaba el mecanismo que rotaba el asador frente a las llamas.
En una época en la que la cocina dependía del fuego abierto, estos perros eran considerados herramientas vivas. Eran criados, entrenados y valorados por su resistencia más que por su bienestar. En días fríos, se les lanzaban brasas dentro de la rueda para obligarlos a correr más rápido. No eran mascotas. Eran parte del equipamiento.
Uno de los pocos restos conservados muestra lo extraña que era esta raza: diminuta, de aspecto casi vulpino, muy distinta a cualquier perro moderno.
Con la llegada del siglo XIX, la tecnología cambió la cocina. Los asadores mecánicos y los nuevos hornos volvieron innecesario su trabajo. Sin función, el perro de asador giratorio perdió su razón de existir. La reina Victoria, sensible al trato hacia los animales, adoptó algunos ejemplares retirados, pero fue un gesto tardío.

La raza se extinguió lentamente. Algunos historiadores creen que pudo mezclarse con otras razas pequeñas, y que quizá una parte de su herencia sobreviva en perros modernos como los corgis. No hay certeza.
Lo que sí quedó atrás fue una idea hoy impensable: animales criados exclusivamente como electrodomésticos de cocina.

El perro de asador giratorio no murió en una batalla ni en una epidemia. Desapareció cuando el mundo dejó de necesitarlo.

Y con él, se fue una silenciosa lección sobre cómo la utilidad puede definir —y borrar— una vida.




martes, 1 de septiembre de 2026

U.S.A.

Retrato en daguerrotipo de una madre y su hija muerto sobre 1857. Afectados de varicela o sarampión
Retrato en daguerrotipo de una madre y su hija muerta sobre 1857.
Afectados de varicela o sarampión.

 

viernes, 28 de agosto de 2026

miércoles, 26 de agosto de 2026

U.S.A.

Fotografía Hidden Mother a finales del siglo XIX.
Fotografía Hidden Mother a finales del siglo XIX.

 Las madres se cubrían con una tela y sostenían a sus hijos en posición vertical mientras les tomaban retratos en el siglo XIX, lo que daba como resultado figuras extrañas en las fotos.

viernes, 21 de agosto de 2026

Madrid (España).

 

Fotografía retrato Caballero sobre 1858. Ángel Alonso Martinez.
Fotografía retrato Caballero sobre 1858.
Ángel Alonso Martínez.

Puede observarse el body stand o soporte de 
sujeción dentro del circulo.

No es una fotografía post mortem .
En este caso el soporte fue utilizado como apoyo durante el periodo de exposición 
de la fotografía, el segundo punto de apoyo es la silla.

Este sitio existe para desacreditar y acreditar la idea de la foto post mortem de pie victoriana. 
Las fotos post mortem existen, pero ninguna de ellas es independiente.





lunes, 17 de agosto de 2026

Jaula de Madera.

En la China de los años treinta, cuando el país aún oscilaba entre guerras internas, pobreza extrema y códigos legales heredados de siglos pasados, la justicia podía tomar la forma más dura imaginable.

Uno de los castigos más temidos era la jaula de madera, un encierro público donde los condenados por asesinato eran expuestos a la vista de todos. No había barrotes de hierro ni muros de piedra, sino una estructura rígida que aprisionaba el cuerpo entero y que, al mismo tiempo, lo exhibía.

El condenado era colocado allí, al aire libre, sin sombra ni refugio.
La pena no consistía en un golpe inmediato, sino en una lenta desaparición ante la mirada de la comunidad.
Día tras día, el sol, el frío, la sed y el cansancio hacían lo que la justicia de la época consideraba “inevitable”.

Para las autoridades, aquel encierro era más que un castigo: era una advertencia visible.
Para el condenado, era un último silencio obligatorio.
Para la población, era un recordatorio del frágil hilo entre la ley y la supervivencia.

Tras su muerte, el cuerpo solía permanecer allí, inmóvil, mientras las calles seguían su ritmo habitual.
No por morbo, sino porque aquel método pretendía transmitir algo más profundo: un mensaje del Estado, una lección social, un símbolo del orden en tiempos turbulentos.

Hoy, estas imágenes sobreviven como testigos mudos de un tiempo donde la justicia era un espectáculo público, y donde la vida y la muerte podían quedar atrapadas en una estructura de madera bajo el cielo abierto.

Un recordatorio de que la historia humana ha tenido castigos tan visibles como crudos… y que entenderlos también es parte de comprender quiénes fuimos.

lunes, 10 de agosto de 2026

Hillside (U.S.A.).

 La familia Di Salvo es homenajeada con esta hermosa escultura de mármol.
 La familia rodea a su madre, sentada tras una barandilla cubierta de hiedra, con la mano sobre un libro.



 

lunes, 3 de agosto de 2026

Madrid (España).

 

Carta de visita gabinete fotográfico.  Puerta del Sol soldado. Finales del siglo XIX. Fotógrafo:  j Munt.
Carta de visita gabinete fotográfico.
 Puerta del Sol soldado.
Finales del siglo XIX.
Fotógrafo:  j Munt.
Puede observarse el body stand o soporte de sujeción dentro del circulo.   No es una fotografía post mortem . En este caso el soporte fue utilizado como apoyo durante el periodo de exposición  de la fotografía, el segundo punto de apoyo es el pedestal.

Puede observarse el body stand o soporte de sujeción dentro del circulo.


No es una fotografía post mortem .
En este caso el soporte fue utilizado como apoyo durante el periodo de exposición 
de la fotografía, el segundo punto de apoyo es el pedestal.

Este sitio existe para desacreditar y acreditar la idea de la foto post mortem de pie victoriana. 
Las fotos post mortem existen, pero ninguna de ellas es independiente.

 



viernes, 31 de julio de 2026

Ataúdes con campana.

 

Ataúd de seguridad Taberger.

En los siglos XVIII y XIX el miedo a ser enterrado vivo dio lugar a algunos ataúdes de lo más peculiares.

Por lo general, la muerte es algo que no nos apetece en exceso y en lo se procura no pensar. Sin embargo hay algo que puede resultar todavía más inquietante que la muerte: que alguien crea que estás muerto y te entierre vivo. La tafafobia es el miedo irracional a ser enterrado vivo, y aunque en la actualidad -con las técnicas médicas actuales y la normativa que obliga a esperar 24 horas tras declarar la muerte para enterrar-, es muy complicado que tal cosa ocurra. Sin embargo, hubo una época en la que podía ocurrir.

https://pulsomatancero.wordpress.com/2020/10/01/campanas-fuera-de-las-tumbasuna-historia-que-perturba-a-cualquiera/

Este miedo tuvo especial virulencia en el siglo XVIII y XIX, cuando varias epidemias de cólera azotaron Europa. Pero también cruzó el Atlántico: el primer presidente de EEUU, George Washington, pidió, cuando estaba cerca de morir en 1799, que se esperase durante al menos tres días tras su muerte antes de que se le enterrase.

Este miedo se puede ver reflejado en la literatura de la época, como El entierro prematuro, de Edgar Alan Poe, que también incluye esta temática en otros relatos como La caída de la Casa Usher o El barril de Amontillado.

Estos cuentos de Poe pudieron estar inspirados en la historia -de nuevo, no confirmada- de Anne Hill Carter Lee. Más conocida por ser la madre del general Robert E. Lee, el comandante de las fuerzas confederadas en la Guerra Civil Americana, y la mujer del gobernador de Virginia, Harry Caballo ligero Lee. Según se cuenta, sufría narcolepsia y en ocasiones caía en un profundo sueño. En 1804 habría caído en este estado, se le habría dado por muerta y fue enterrada en la cripta familiar. Por suerte para ella, una persona habría acudido a llevarle flores, oyendo gritos y golpes viniendo de su tumba, situación ante la cual se abrió el ataúd para encontrarla viva y un tanto confusa. No sería hasta 1829 que volvería a ser enterrada, esta vez de forma definitiva.

Ataúdes con alarma  https://www.lasprovincias.es/sociedad/catalepsia-pesadilla-enterrado-20180111010356-ntvo.html
Ataúdes con alarma 

En el siglo XVIII aparecieron los primeros ataúdes de seguridad. El pastor Robert Robinson murió en 1791 e hizo instalar un panel de cristal en su ataúd y su mausoleo debía ser visitado regularmente para comprobar que no había señales de respiración en el vidrio. El duque Fernando de Brunswick, mariscal de campo prusiano, murió un año después e hizo que se le enterrase con un cristal que permitiese la entrada de luz y un tubo que hiciera circular el aire. Además, se le enterró con dos llaves: una para abrir la caja y otra para salir de la cripta. No le hicieron falta.

Entra en escena Adolf Gutsmuth, quien hizo realidad una idea loca de P.G. Pessler, un sacerdote alemán que propuso imitar el sistema de las campanas de una iglesias para que los muertos que resultasen estar vivos pudieran dar señales al exterior. Gutsmuth añadió un toque personal: un tubo que permitía suministrar alimentos al ataúd. Fue enterrado varias veces para demostrar la eficacia de su invento, incluso llegando a cenar bajo tierra.

Corre la leyenda urbana de que la expresión "salvado por la campana" viene de estos ataúdes y de la gente que se salvaba gracias a ellos. Se trata de un mito muy extendido, porque lo cierto es que no es así. La expresión proviene, en realidad, del boxeo y de la campana que indica el final de cada asalto. Cuando un boxeador estaba recibiendo una tunda y el final del asalto le libraba de caer por KO, se decía que había sido salvado por la campana. 

Información Javier Elio.


domingo, 26 de julio de 2026

viernes, 24 de julio de 2026

Valencia (España).

Fotografía familiar de los fotógrafos Cebrián i Antonio García. 1862-1863. en su estudio de València en la calle Huerto de los Sastres. Colección  de Rafael Solaz.
Fotografía familiar de los fotógrafos Cebrián i Antonio García. 1862-1863.
en su estudio de València en la calle Huerto de los Sastres.
Colección  de Rafael Solaz.
Fotografía de una mujer y una niña (Seguramente su hija).

Puede observarse el body stand o soporte de 
sujeción dentro del circulo.

No es una fotografía post mortem .

En este caso el soporte fue utilizado como apoyo durante el periodo de exposición 
de la fotografía, el segundo punto de apoyo es la señora que le sujeta.

Este sitio existe para desacreditar y acreditar la idea de la foto post mortem de pie victoriana. 
Las fotos post mortem existen, pero ninguna de ellas es independiente.